¿Qué comen los profesores universitarios del estado Lara?

El salario actual con el que contamos, no alcanza para cubrir las necesidades básicas como lo son la salud, comes o mantienes tu salud, el problema reside allí, ambos deberían ir de la mano

Carlos Medina es profesor de la Universidad Nacional Experimental Politécnica «Antonio José de Sucre» (UNEXPO), específicamente del Vicerrectorado regional de Barquisimeto. Tiene más de 25 años de carrera universitaria y como nunca antes sus condiciones de vida se encuentran en franco deterioro. En el año 2017 el profesor Medina pesaba 85 kilogramos, luego de tres años de malos hábitos alimenticios su peso oscila los 55 kg. La crisis universitaria ha afectado siete años continuos la vida de los universitarios, sus ingresos son insuficientes para poder comer de forma correcta.

“En mi plato lo que abunda son carbohidratos, pasta y arroz, eso lo acompaño con granos que es lo más accesible actualmente, tengo mucho tiempo que no como pollo o carne, mi sueldo no me alcanza para darme ese gusto”, expresó Medina.

Según el Observatorio de Universidades (OBU), 47 % de los docentes considera que come peor que en el 2019, 12 % afirmó que sólo realizan dos comidas al día y 55 % explicó que en su dieta diaria lo que destaca es la pasta y el arroz.

Parte de las conclusiones emitidas por el OBU sobre la situación de alimentación de los profesores de las principales casas de estudio del estado Lara expresan que la dieta de la población universitaria debería ser acorde en cantidad y calidad para un balance conforme a los nutrientes que se deben recibir para el rendimiento académico, además de reducir el riesgo a enfermarse y mejorar la capacidad de concentración. El desempeño laborar también se ve involucrado al no recibir una buena alimentación, las tres comidas al día y los víveres balanceados deberían estar en el consumo diario de los larenses.

El desbalance nutricional se refleja en la mayoría de los profesores universitarios del estado Lara, quienes ‘contra viento y marea’ continúan ejerciendo la profesión a pesar de las circunstancias que viven a diario.  En Lara existe un grupo mayoritario de docentes que comen más carbohidratos que proteínas, son hipertensos, diabéticos, caminan largos trayectos a su trabajo y tienen más de tres años sin sustituir su calzado.

Personal obrero realiza solo dos comidas al día

La población conformada por el personal obrero es una de las más afectadas ante la situación socioeconómica del país. El sueldo que reciben mensualmente solo alcanza para la compra de dos o tres productos de alimentación, lo que hace que su consumo nutritivo se vea reducido a dos o una comida diaria. 17 % de los obreros universitarios de Lara realiza sólo dos comidas diarias. Del total de esta población 79 % come igual o peor que en el año 2018.

Otro resultado alarmante de la encuesta que realiza el Observatorio de Universidades fue la poca frecuencia del consumo de proteínas de la población obrera. En Lara 17 % de los obreros nunca consume carne, 14 % nunca consume pollo, 59 % nunca consume pescado y 24 % nunca consume embutidos.

Además de los que nunca consumen, se encuentran los que lo hacen de forma inadecuada. Según el análisis hecho por los especialistas del OBU este porcentaje alcanza las siguientes cifras: 74 % come de manera inadecuada carne, 84 % pollo y 96 % pescado. La  dieta de esta población se basa fundamentalmente en los siguientes  productos: arroz o pasta (69 %), granos (37 %) y pan o arepa (90 %).

Comedor fuera de funcionamiento

Los estudiantes universitarios también padecen las secuelas del hambre. Las universidades públicas caracterizadas durante muchos años por servir de forma casi gratuita la comida a sus estudiantes, ya no lo hacen. Nelly Velásquez, rectora de la Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado” (UCLA) explicó que actualmente hay una gran responsabilidad en las instituciones universitarias al recibir estudiantes que ingresan entre las edades de 16, 17 y 18 años, periodo en el que aún se encuentran en crecimiento y por ende necesitan de una alimentación con alto grado de nutrientes.

“Para nosotros, como institución, es sumamente importante contar con el servicio de comedor, sin embargo, la realidad es otra, no disponemos de los recursos; cuando estos son enviados, sólo alcanzan para pocos días y básicamente son carbohidratos, sin proteína, ni verduras” explicó la rectora Velásquez.

Para el año 2019 la ausencia del servicio resultó notoria. En el año no se abrió el comedor. No se recibieron los insumos para la activación del servicio y esto impactó negativamente a la población estudiantil. En el año muchos de los retiros no fueron necesariamente para migrar, fueron porque los estudiantes no podían mantenerse dentro de la institución por falta de dinero para alimentarse.

Richard Castro, estudiante de los últimos semestres de Economía en la UCLA comentó que actualmente trabaja y estudia. “El comedor era un aliado para acudir al salir del trabajo antes de sus clases, antes iba al comedor y luego a clases, la verdad me hace mucha falta el comedor”.

“Hay veces que no como, trabajo de noche en una clínica y usualmente no puedo ir hasta mi casa a hacer algo de comida, sino que voy directamente a clases, sin desayunar, si son en la mañana y sin almorzar, si son en la tarde. Comer en la calle es un lujo y prefiero ahorrar eso para los gastos en mi casa” narraba Castro.

Desde el Observatorio de Universidades se hace un llamado al ejecutivo nacional para que atienda esta realidad y busque medidas congruentes que proteja a esta población que sobre todas las adversidades apuesta por obtener un título universitario.

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