El bono vacacional es insuficiente para los trabajadores universitarios de Venezuela

Hambre acecha a los trabajadores universitarios mientras esperan por bono vacacional 2020

 

El bono vacacional es insuficiente para los trabajadores universitarios de Venezuela
Foto: Noticias Barquisimeto

Los trabajadores universitarios del sector público en Venezuela recibieron el pago de 50 % del bono vacacional -o recreacional-.

La noticia debería ser motivo de júbilo para la comunidad de profesores, empleados y obreros, de no ser porque entre ellos el de mayor posición en el escalafón en la tabla del personal -un profesor titular con más de 20 años de servicio y título de doctor-, recibió 7 millones 160 mil bolívares.

Un obrero grado 1, el mínimo en el renglón de la misma tabla, recibió un poco más de 3 millones de bolívares como parte de sus vacaciones, según la convención colectiva única para los que laboran en el sector.

Mitad del bono vacacional no alcanza para hacer siquiera un buen mercado

 

El profesor titular podrá comprar con esta porción de su bono vacacional un kilo de carne, cuatro kilos de harina de maíz, un cartón de huevos, un kilo de queso blanco, un kilo de café, un litro de aceite, cuatro paquetes de arroz y un kilo de azúcar. Los productos de la llamada “Cesta Petare”, que se ha convertido en un referente de precios en los sectores populares en Venezuela.

El obrero grado 1 podrá adquirir un kilo de carne, dos kilos de harina, un kilo de café y un kilo de queso.

Para poder adquirir otra vez estos productos con lo que ganan en sus universidades deberán esperar hasta que llegue la otra mitad del bono vacacional. O hasta el próximo diciembre, cuando se pague el bono de “navidad” o “aguinaldo”, si los precios y salarios se han mantenido igual hasta entonces.

Pareciera ilógico hacer un listado de alimentos en lugar de calcular en qué se debería gastar el dinero que, en teoría, es para unas vacaciones. Podrá decirse que el confinamiento por la pandemia no permite tal cosa. La verdad es que los trabajadores universitarios desde hace algunos años forman parte de los millones de venezolanos en emergencia humanitaria compleja. Varios de los universitarios han muerto de mengua; a algunos, el hambre les acosa hasta el final de sus días. La inanición les está matando paulatinamente.

La Encuesta del Observatorio de Universidades 2019 (ENOBU 2019), que midió las condiciones de vida de los universitarios en el estado Lara -cifras antes de la pandemia-, refleja que los obreros, empleados y profesores no cubrieron lo que necesita un ser humano en materia de nutrientes. Es significativo que 12 % de los profesores, 14 % de los administrativos y 17 % de los obreros hacían para 2019 menos de tres comidas al día.

Adultos mayores entre los más afectados

 

Uno de los datos más alarmantes que muestra esta investigación es que los adultos mayores que trabajan en las universidades públicas del estado Lara figuran entre los más afectados por la inseguridad alimentaria que vive Venezuela. 32 % de los obreros y 18 % de los profesores y del personal administrativo comen menos de tres veces al día.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) establecen que una dieta balanceada para un adulto debe tener al menos cinco porciones de fruta y dos de vegetales al día, además de un 30 % de grasas -carnes rojas y de cerdo, lácteos, pollo, pescado, cereales, huevos y aceite de soya)-. La frecuencia de las comidas debe ser de tres veces diarias, y de acuerdo al gasto calórico, la inclusión de dos pequeñas meriendas. Puede ser de verduras o frutas.

Para los universitarios de Venezuela cubrir esta dieta no es posible, ya que el salario más alto en el sector es de 6 dólares mensuales.

La profesora Yelena Salazar, coordinadora del Observatorio de Universidades (OBU), considera que las condiciones de vida de profesores y trabajadores de las casas de estudio superior en Venezuela han devenido en un progresivo deterioro equiparable al de un país en guerra.

“Esta situación es muy delicada para la sustentabilidad de la universidad. Hay gente que a pesar de las circunstancias mantiene en pie a las instituciones: docentes, trabajadores con mística, ¿pero tienen qué comer? ¿Cuánto tiempo pueden aguantar con un salario tan menguado?”, se pregunta.

70 profesores de LUZ han muerto en lo que va de pandemia, dos de ellos de hambre

 

En este contexto, la muerte ronda en los hogares de los universitarios. En la Universidad del Zulia (LUZ), según el profesor Pablo Nava, integrante de la Asociación de Profesores (APUZ), han fallecido durante la pandemia 70 docentes. Entre las causas de su deceso están las enfermedades crónicas, cáncer, coronavirus y, lo más doloroso, porque no tenían qué comer. “De mi facultad murieron de hambre dos profesores jubilados. Sus familiares se fueron al exterior, tampoco tenían para las medicinas. Eso es así”, dijo Nava, quien también es docente de la Facultad de Ciencias Económicas.

En LUZ los trabajadores perdieron el beneficio de asistencia médica que alguna vez tuvieron. “No tenemos cómo pagar ese servicio. Nos queda ir a un hospital o a un ambulatorio, pero además no hay cómo cubrir los medicamentos”, aseveró Nava. Según el dirigente gremial, a su universidad no habían llegado hasta el martes los recursos para el pago de la mitad del bono. En su facultad aún quedan 450 profesores que no quieren abandonar la institución.

Autoridades de la UCLA piden al ministro un bono para paliar las necesidades de los trabajadores

 

En una carta dirigida al ministro de Educación Universitaria, César Trómpiz, los profesores Edgar Rodríguez y Edgar Alvarado, secretario y vicerrector administrativo de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), respectivamente, solicitan con “extrema urgencia” que a los trabajadores universitarios se les otorgue un incremento de sus ingresos, así sea en forma de bonos, que le permita “cubrir gastos familiares de alimentación y mitigar la terrible situación de empobrecimiento que padecen”, realidad agravada por la extensión de la cuarentena.

Sustentados en las cifras de los últimos años que fueron publicadas por el Banco Central de Venezuela, Rodríguez y Alvarado advierten en su misiva que “de la información suministrada por el arco temporal 2013-2019 al mes de diciembre, se deduce que mientras la inflación se multiplicó 32 millones de veces, el salario de un (profesor) agregado apenas se multiplicó 245.000 veces”.

En la comunicación, los miembros del Consejo Universitario de la UCLA señalan que de acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (CENDA), la canasta básica alimentaria de marzo de 2020 se ubicó en 38.313.627, 36 -cerca de 219 dólares)-. Actualmente el salario de un profesor titular apenas alcanza los 7 dólares al mes.

En tal sentido, Rodríguez y Alvarado afirman que “se considera pertinente siendo conservadores en solicitar que el bono compensatorio para todos los trabajadores sea al menos por una cantidad mensual del 100 % de la canasta básica, mientras dure la contingencia generada por la propagación del COVID-19 y se apruebe una propuesta sobre el incremento salarial. Es una cuestión de justicia”, afirman los directivos de la UCLA.

La convención colectiva única es un retroceso para los trabajadores

 

El pago del bono recreacional corresponde a lo que está establecido en una de las cláusulas de la vencida III Convención Colectiva Única de trabajadores universitarios, suscrita hace más de tres años entre el Ministerio y unas organizaciones sindicales oficialistas, cuya base y representación es desconocida por la mayoría del personal de las universidades públicas.

Por tradición, el bono vacacional es el equivalente a 105 días de salario, mientras que el bono de diciembre corresponde a 120 días. Cuando llegue la otra mitad del bono vacacional, que representa los 52 o 53 días restantes, se habrá cumplido con lo establecido en la convención. Sin embargo no será suficiente para disfrutar unas vacaciones, si se toma en cuenta que los sueldos oscilan entre 4 y 7 dólares mensuales.

Hasta antes de la implementación de las convenciones colectivas únicas, hubo actas convenios que se firmaron entre el Ministerio y las universidades de manera separada. Algunos de los beneficios, como el de un número mayor de días para los bonos, se mantuvieron para unas pocas instituciones.

Igualmente, los trabajadores de las universidades de la Misión Alma Máter, que no son autónomas, recibieron más días de bono vacacional que las universidades autónomas.

Declive sostenido

 

En un estudio publicado en una revista científica por los profesores Kety Estéfano, María Cristina Parra y Luis Torres, se presentan cifras que dan cuenta del deterioro salarial de los trabajadores universitarios del sector público en las gestiones de Hugo Chávez y Nicolás Maduro al frente de la presidencia de Venezuela. En su estudio, los profesores presentan el declive que desde el año 2002 tienen las reivindicaciones en el sector.

Las normas de homologación logradas en los años 80 del siglo pasado fueron sepultadas por ambos gobiernos, y con más ahínco, por el de Maduro.

“Como resultado del gobierno de Nicolás Maduro y la aplicación de las contrataciones colectivas, se estima una pérdida salarial de este subperiodo (2013-2018) entre -1,649.39 % y -2,739.55 % del salario de los profesores universitarios con respecto al ajuste que correspondía, si se aplicaran los mecanismos establecidos en las Normas de Homologación, tomando como principal referencia la tasa de inflación que alcanzó a ser 1,676.90 % en este subperiodo».

«Asimismo se observa la destrucción de la interescala salarial. Incluso en este periodo se modificó la estructura salarial de los obreros y los empleados, situación que también significó menores recursos para la estimación del salario base de los profesores universitarios, el cual sumó un déficit de pérdida salarial que osciló entre una proporción de -1,710.26 % y -2,806.73 % con respecto a los salarios devengados en el 2001”.

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