Alexander Valero, un profesor comprometido con la educación

Alexander Valero: “La calidad de la educación se ha depreciado”

 

Alexander Valero, un profesor comprometido con la educación
El profesor Alexander Valero atiende a sus estudiantes en su modesto local comercial, del que vive su familia

 

Alexander Valero tiene 55 años de edad y desde 1984 vive en la ciudad de Trujillo, capital del estado del mismo nombre. Desde hace 18 años es profesor de la Universidad Politécnica Territorial Mario Briceño Iragorry, cuya sede principal está en Valera.

Aunque reconoce que la precariedad salarial que padecen los docentes venezolanos, las fallas en el sistema del servicio eléctrico e internet que son más intensas en el occidente del país, la pandemia y las condiciones de la infraestructura de su universidad hacen muy cuesta arriba el desempeño del docente, siente como un deber ineludible seguir el proceso de formación de sus estudiantes. Lo hace convencido de que es lo éticamente correcto.

Para mantener a su familia de cuatro integrantes (tiene dos hijos menores), el profesor Valero y su esposa expenden materiales de papelería, golosinas, lácteos y víveres, y prestan servicios de fotocopiado en un pequeño local ubicado en el centro de la ciudad de Trujillo. Su hijo mayor es uno de los tantos integrantes de la diáspora de venezolanos que se han marchado a otras tierras en busca de oportunidades que no le brinda su país.

No solo se dedica a la educación

 

Eventualmente, Valero elabora banquetes para bodas y fiestas familiares. En Venezuela, un profesor universitario del sector público con la dedicación y el nivel de formación de Alexander Valero (es licenciado en Administración, tiene dos maestrías, una en Recursos Humanos y otra en Gestión Turística, y un doctorado en Gerencia Avanzada),  no supera los cinco dólares mensuales de salario.

Alexander Valero está adscrito al Programa Nacional de Formación en Turismo. Comenzó su carrera docente en la ciudad de Boconó, donde se quedaba de lunes a miércoles, y regresaba cada jueves a Trujillo. Tras seis años en Boconó logró el traslado a la capital trujillana, más cerca del calor familiar. En el núcleo de Trujillo de la universidad funcionan las carreras (llamadas programas nacionales de formación) de Turismo, Informática, Contaduría Pública y Administración. Valero administra la línea de patrimonio histórico en el PNF de Turismo.

Aun cuando la pandemia obligó a la suspensión de los encuentros presenciales en la universidad, al local comercial del profesor Valero acuden dos veces a la semana sus estudiantes que elaboran los proyectos de investigación.

Cada proyecto está dividido en fases a las que denominan trayectos, que se llevan a cabo en la medida en que cursan la carrera. Valero prefiere encontrarse con sus alumnos cara a cara, aunque no sea en la universidad, porque siente que la educación mediada por el correo electrónico o por redes sociales no es de la calidad que espera. Solo se encuentra personalmente con los estudiantes de proyecto, porque no puede atender a los cursantes de las otras asignaturas de la misma manera.

En mulas y motos bajan los estudiantes para conectarse a internet

 

Trujillo es un estado de vocación agrícola y buena parte de su población vive en zonas rurales, muchas de las cuales no cuentan con acceso a internet. El servicio eléctrico es interrumpido diariamente en la entidad durante tres o cuatro horas. Son pocos los estudiantes del núcleo universitario de Trujillo que viven en la ciudad. Los de la periferia, que habitan en zonas como el Monumento a La Paz, Santiago, San Lázaro, Sabaneta, Río Arriba o Mocoy, deben ir a la capital para conectarse a la red. Bajan en mulas, motos, bicicletas o en uno de los pocos autobuses que cubren la ruta.

En la Encuesta sobre las Condiciones de la Educación Virtual en Venezuela (Enobuvirtual 2020), llevada a cabo por el Observatorio de Universidades para conocer la realidad de la educación virtual implementada a raíz de la declaración del estado de alarma por la pandemia, se refleja que 39 % de los profesores y 47 % de los estudiantes no tiene computadora portátil y solo 24 % de los docentes y 27 % de los alumnos tienen computadora de escritorio,  que es de uso compartido.

“Los que están más interesados buscan la manera de bajar a la ciudad”, dice el profesor Valero, quien además de los estudiantes que están en el proyecto, atiende virtualmente a una veintena de alumnos que están en el trayecto inicial y otras asignaturas del PNF de Turismo.

La matrícula ha disminuido

 

La crisis ha hecho mella en la comunidad universitaria, y eso le preocupa al profesor Valero.

“Antes, el proceso formativo era mucho mejor. Ahora es muy difícil lograr el compromiso tanto del profesor como del estudiante y no solo porque desde hace mucho tiempo venimos con unos salarios muy bajos. La atención era mejor, los muchachos tenían más interés en ir a la Universidad, se hacían prácticas, siempre se podía resolver, el transporte, los trabajos de campo. Siguen trabajando en la comunidad, pero yo no puedo acompañarlos. Desde hace dos años, en sentido general, la calidad de nuestro servicio se ha depreciado muchísimo y con la pandemia esto ha empeorado. Puedo tener la mejor voluntad, pero no me siento satisfecho mandando tareas virtualmente”, asegura.

La universidad habilitó unos correos institucionales desde los cuales los profesores envían materiales y reciben tareas de los estudiantes. Además, Valero usa la red WhatsApp para el intercambio de mensajes. Hace que sus estudiantes envíen videos en los que evidencien que han aprendido de los recursos adjuntados en los mensajes del correo electrónico. A través de este mismo recurso, el profesor envía cuestionarios y otras asignaciones para evaluar a sus alumnos.

La COVID-19 atenta contra la calidad de la educación

 

“La pandemia ha disminuido la calidad, la matrícula ha bajado enormemente. Teníamos la más alta de la universidad, en el área de Turismo y de Administración. Tuve entre 50 y 70 muchachos el año pasado y el antepasado, eso fue hasta abril de 2020. En trayecto inicial había 29 inscritos en este semestre (que culmina el 12 de marzo) y solo se han presentado seis. Estamos viendo que lo presencial es una cosa y lo virtual es otra. Los alumnos piensan que como es virtual el proceso, en cualquier momento se les puede entender. No entienden cómo funciona un cronograma y no se adaptan a ese ritmo”, asegura.

“Es imposible trabajar vía Skype el servicio eléctrico es muy malo, no sabemos cuándo lo van a cortar, lo hacen en horarios variados. El de Cantv lo tengo cortado desde hace mucho. Nos queda la opción del correo electrónico institucional” que revisa con los megas de su servicio de celular o cuando acude un sitio con wifi.

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